LOS 4 PILARES DE LA CONFIANZA

¿Recuerdas el cuento de Pedrito y el Lobo? Si no lo recuerdas bien, o si eres demasiado joven y nunca lo escuchaste, aquí te lo comparto:

Había una vez un pequeño pastor que se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus ovejas y, como muchas veces se aburría mientras las veía pastar, pensaba qué hacer para divertirse. Un día, decidió que sería buena idea divertirse a costa de la gente del pueblo que había en los alrededores. Se acercó y empezó a gritar:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Qué viene el lobo!

La gente del pueblo cogió lo que tenía a mano y corriendo fueron a ayudar al pobre pastorcito que pedía auxilio, pero cuando llegaron, descubrieron que todo había sido una broma pesada del pastor. Y se enojaron. Cuando se habían ido, al pastor le hizo tanta gracia la broma que pensó en repetirla. Y cuando vió a la gente suficientemente lejos, volvió a gritar:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Qué viene el lobo!

Las pobladores, al volverlo a oír, empezaron a correr otra vez pensando que esta vez se había presentado el lobo, y realmente les estaba pidiendo ayuda. Pero al llegar donde estaba el pastor, se lo encontraron por los suelos, riendo al ver como los aldeanos habían vuelto a auxiliarlo. Esta vez los aldeanos se enfadaron aún más, y se marcharon terriblemente enojados.

A la mañana siguiente, el pastor volvió a pastar con sus ovejas en el mismo campo. Aún reía cuando recordaba correr a los aldeanos. Pero no contó que, ese mismo día, si vió acercarse el lobo. El miedo le invadió el cuerpo y, al ver que se acercaba cada vez más, empezó a gritar:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Qué viene el lobo! ¡Se va a comer todas mis ovejas! ¡Auxilio!

Pero esta vez los aldeanos, habiendo aprendido la lección el día anterior, hicieron oídos sordos. El pastorcillo vió como el lobo se abalanzaba sobre sus ovejas, y chilló cada vez más desesperado:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡El lobo! – pero los aldeanos continuaron sin hacer caso.

Es así, como el pastorcillo vió cómo el lobo se comía unas cuantas ovejas y se llevaba otras para la cena, sin poder hacer nada. Y se arrepintió en lo más profundo de la broma que hizo el día anterior.

La Falta de sinceridad de Pedrito generó que la gente no confiara en él.

La SINCERIDAD es uno de los pilares fundamentales de la Confianza. Si nuestro interlocutor no nos percibe sinceros, su confianza en nosotros se verá afectada.

Por sinceridad me refiero a la coherencia entre lo que pensamos y sentimos internamente, y lo que decimos y hacemos externamente.

Pero además, hay otros pilares en los que se cimienta la Confianza. Ellos son:

COMPETENCIA: ¿confiarías la contabilidad de tu empresa a un chef? Probablemente no. Puedes confiar en su sinceridad, pero si no tiene la competencia, no le confiarás esa tarea. La competencia tiene que ver con que la persona tenga los recursos, conocimientos y/o habilidades necesarias para realizar una determinada tarea.

CREDIBILIDAD: Este pilar nos remite a la historia de esa persona. Si la persona tiene un historial de promesas cumplidas confiaremos en ella, mientras que si, por el contrario, hay en su historial un buen porcentaje de promesas no cumplidas, nuestra confianza en esa persona se verá afectada.

INVOLUCRAMIENTO: Por último, el involucramiento nos habla de qué tan comprometida está la persona con la tarea a realizar, con la persona o asunto en cuestión. Cuanto mayor sea el involucramiento que percibamos, mayor será la confianza.

Los 4 pilares son importantes y la falta de alguno de ellos hará tambalear la confianza.

Para finalizar, te dejo las siguientes preguntas:  

¿Qué tan sincero eres en tus interacciones con otros?

¿Te consideras competente en lo que haces o necesitas realizar algún aprendizaje para que los demás puedan confiar en ti?

¿Eres de cumplir y honrar tus compromisos?

¿Te consideras una persona que se involucra y compromete con lo que hace?

¿Confías en ti mismo?

Lic. Pía Andújar
Master Coach Profeional AACOP-FICOP
Directora de Coaching para la Conciencia

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